Tragedia de la Triple Alianza no ha sido superada, dice autor irlandés

Incluido en la edición impresa del Diario paraguayo ABC Color de la fecha 12/Setiembre/2009.

Por Armando Rivarola.

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Michael Joseph Lillis (63), un importante ex diplomático y exitoso hombre de negocios irlandés, hace 18 años que investiga la vida de su compatriota Madame Elisa Lynch y la Guerra de la Triple Alianza. Fruto de ello es el libro que está por presentar en inglés, portugués y español en coautoría con el historiador Ronan Fanning. Desde Dublín nos dice que, a 139 años del fin de la contienda, su impresión es que los efectos de aquella catástrofe aún no han sido superados. Sostiene que el Brasil debe hacer un mea culpa, pedirle perdón al Paraguay como lo hizo Inglaterra con Irlanda y actuar en consecuencia, para así iniciar por fin un verdadero proceso de reconciliación que le permita a nuestro pueblo dar vuelta la página y salir adelante.

Lillis tuvo una activa vida pública en los años setenta y ochenta, encabezó el equipo de negociadores que concretó el Tratado Anglo-Irlandés de 1985 con el gobierno de Margaret Thatcher, en el que por primera vez el Reino Unido le reconoció un rol a la República de Irlanda en los asuntos de Irlanda del Norte,  y se retiró de la diplomacia a finales de esa década para incorporarse a la compañía irlandesa Guinnes Peat Aviation (GPA), que llegó a ser la mayor proveedora mundial de aviones, luego adquirida por la estadounidense General Electric.


¿Madame Lynch?
En tal carácter, vino por primera vez al Paraguay en 1991 para firmar un contrato de arrendamiento de cuatro aeronaves para Líneas Aéreas Paraguayas. En esa ocasión, fue invitado al despacho del entonces presidente Andrés Rodríguez, quien, sabiéndolo irlandés, le preguntó qué se decía en su país de la heroína nacional del Paraguay, Madame Elisa Lynch. “Es un asunto de gran interés, Su Excelencia”, le respondió con todo el aplomo del que fue capaz. Comprensiblemente, lo primero que hizo al salir de allí fue preguntar él mismo quién diablos era Madame Lynch.


Así comenzó esta historia que pronto se convirtió en la obsesión de Michael Lillis, con mayor razón cuando se enteró de que su amigo, el comandante Rolim Amaro, quien sería un tiempo después el fundador de TAM Mercosur, “un gran hombre que tenía un enorme cariño por el Paraguay”, según lo recuerda, compartía exactamente el mismo interés.


Con Amaro y otros formaron un equipo de trabajo para realizar una serie de documentales sobre Madame Lynch y López, pero el proyecto se interrumpió abruptamente con el accidente que le costó la vida al recordado brasileño en julio de 2001, precisamente en las inmediaciones de Cerro Corá.
Nada justifica


Aunque Lillis manifiesta una profunda simpatía por el Paraguay, su conclusión a lo largo de todos estos años de estudio y reflexión es que Francisco Solano López cometió un grave error en el año 1864 al provocar una guerra con el Brasil.


“Por mi larga experiencia diplomática y por la propia historia de Irlanda, estoy convencido de que países pequeños como Paraguay y el mío tienen siempre grandes problemas para desenvolverse con sus gigantes vecinos. En el caso paraguayo con el Brasil y en nuestro caso con Inglaterra, que fue la mayor potencia mundial en el siglo XIX. Por ello, países como los nuestros tienen que ser muy inteligentes y muy visionarios para manejar estas complicadas relaciones. López se dejó llevar por ingenuas ilusiones de gloria militar y no puso en primer lugar el interés de su pueblo a largo plazo, esa fue su grave equivocación”, dice.
Añade, sin embargo, que “nada de eso, en modo alguno, justifica el ensañamiento que hubo con el Paraguay”.


Aplastamiento
“Una prueba clarísima de ello es que en el año 1868 la Triple Alianza ya había ganado la guerra, sin discusión alguna, pese a lo cual el Brasil decidió continuarla. El Duque de Caxias, que era el hombre de gran ilustración y prestigio en el Brasil, le recomendó en agosto de 1868 al emperador Pedro II dar por terminado el conflicto y retirarse del Paraguay. Pero el emperador, en vez de escuchar a su líder militar más distinguido, nombró para reemplazarlo a su yerno, el despiadado Conde D’Eu, para llevar adelante una estrategia de ocupación, aplastamiento y continuación de la guerra hasta la muerte de López o su salida de América del Sur”.


Lillis no duda al señalar que a partir de ese momento sobrevinieron “los acontecimientos más negros de la guerra”. No solo por las barbaridades que se cometieron, los saqueos, las violaciones, los comprobados actos de extrema crueldad, las ejecuciones no oficiales de prisioneros, sino por la completa indiferencia hacia el sufrimiento de la población civil. “Miles y miles se morían de hambre y enfermedades en la más absoluta desprotección y el Brasil, que tenía al país ocupado, no movió un dedo para evitarlo”.


Igual que en Irlanda
Compara esta situación con la actitud de Inglaterra frente a la tremenda hambruna que sufrió Irlanda entre 1846 y 1849, que provocó la muerte por inanición de un millón de personas y la huida a Estados Unidos de otros dos millones en barcos abarrotados –“peores que esos que vemos hoy llegar a Europa con inmigrantes africanos”–, buena parte de los cuales falleció en las travesías.


“Mi país ha estado ocupado por los británicos por 850 años, desde el siglo XII, y solo ahora es parcialmente independiente. Cuando ocurrió la hambruna, el Reino Unido no hizo absolutamente nada para detener la catástrofe, pese a contar con todos los recursos para hacerlo. Fue una actitud tremendamente desalmada, una insensibilidad fatal contra un pueblo que mantenía sometido. Como el 95 por ciento de la población era católica y nunca había aceptado cambiar de religión ni renunciar a sus sentimientos nacionales, la mayoría de los irlandeses era mantenida en una situación prácticamente de esclavitud, sin derecho a la propiedad sobre la tierra, sin derecho a la educación, sin derecho al voto, en condiciones miserables”.


Tanto en Irlanda como en el Paraguay, observa Lillis, estos hechos generaron resentimientos duraderos y una perniciosa sensación de humillación en la conciencia nacional. “Se puede sentir el abatimiento subyacente en el pueblo paraguayo hasta hoy. No quiero decir con ello que no tenga confianza en el Paraguay, todo lo contrario, lo considero un gran país con un gran sentido nacional. Lo que digo es que las secuelas de ese sometimiento extremo del que fue víctima todavía hoy resurgen a cada momento”, alega.


Itaipú
De la misma forma, observa, “en el Brasil ha subsistido también una latente falta de respeto y de sensibilidad hacia el Paraguay. La evidencia de ello es sin duda Itaipú, donde claramente uno utilizó su poder para aprovecharse de la fragilidad del otro. Porque yo sostengo que un reparto tan desventajoso de la explotación de un recurso natural compartido entre dos países, como es el caso de Itaipú, resulta completamente ilógico, injusto, es algo que nadie puede defender”.


Al respecto, subrayó que si bien el paso que han dado los presidentes Lula da Silva y Fernando Lugo contiene elementos positivos, “no puedo considerarlo como una resolución justa y razonable del problema, prácticamente no se tocó el corazón del asunto”.


Pedir perdón
Lillis sostiene que el Brasil, como primera medida para contribuir a cicatrizar las heridas que siguen abiertas, le debe pedir perdón al Paraguay.


Una vez más recurrió a la experiencia irlandesa. En 1997, el primer ministro Tony Blair hizo una declaración sin precedentes en un acto en Irlanda de conmemoración de la hambruna. Por primera vez el Reino Unido se disculpó oficialmente por su negligencia y su impiedad por no haber intervenido, como correspondía, para salvar las vidas de los irlandeses.

Ese fue un gesto, señala Lillis, que ayudó muchísimo a mejorar las relaciones entre ambas naciones y a tranquilizar los ánimos en las Irlandas. Un año después, el mismo Blair con su colega irlandés y los líderes de la dividida Irlanda del Norte firmaron el llamado Acuerdo del Viernes Santo, que puso fin a  más de 40 años de odio y violencia.


Lo mismo debe hacer el Brasil con Paraguay, insiste Lillis, y a partir de allí actuar en consecuencia, demostrando un real cambio de actitud.


“De este modo –se lee en el epílogo de la versión en castellano de su libro- se atenuaría el resquemor y se crearía una plataforma nueva e inspiradora para la reconciliación de los grandes pueblos del Brasil y del Paraguay”.

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